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Cambiando nuestra mirada ante los conflictos – Una aproximación desde el Coaching (Parte III)

04.03.2015
04.03.2015
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TIPOLOGÍA DE CONFLICTOS

Este sencillo ejemplo, simplemente nos sirve para ilustrar parte de la complejidad asociada a este tema. A continuación introduciremos una tipología de conflictos, basada en el trabajo de McWhirter. Algunos de los que podríamos encontrar son:

1. Indecisión: Una dirección / curso de acción es requerido o necesitado. Pero no se genera ningún contenido.

2. Selección: Una misma dirección general. La misma alternativa con dos o más ejemplos que seleccionar.

3. Dilema: Misma dirección general. Dos o más alternativas Opciones que seleccionar.

4. Oposición: Dos direcciones opuestas

5. Miedo: Las consecuencias anticipadas son indeseables.

6. Niveles conflictivos: La acción es inconsistente con otros niveles de procesamiento. Por ejemplo: conducta con valores o identidad

7. Incompatibilidad: La dirección no ajusta. La acción es incompatible con otros, el contexto, etc…

A) El primer ejemplo de conflicto es de Indecisión o Incertidumbre. Tiene que ver con la experiencia de una sensación de tener que hacer algo pero no saber muy bien qué hacer exactamente. No es un conflicto pleno, porque no hay todavía nada por lo que estar en conflicto, es casi como si fuera un conflicto de activación: debes empezar algo, o no.

Pero puede ser bastante sutil, la gente puede empezar a sentirse incómoda sin saber de qué se trata. Por ejemplo, si nos acaban de presentar a alguien, podría ser la indecisión inicial de dudar acerca de si le preguntamos o comentamos algo o no. Si estamos en un nuevo puesto de trabajo, empezamos un nuevo proyecto o no. Si estoy en casa un sábado por la noche, debería salir o no.

B) El segundo ejemplo de conflicto es el de Opciones. Ya se ha iniciado un proceso, en el que ya has decidido que sí deberías hacer algo al respecto. Una vez decidido esto, el tema es cómo seleccionar opciones, qué opciones tengo. Así siguiendo con los ejemplos anteriores, decido hablar con la persona que me acaban de presentar, pero de qué temas le puedo hablar. O voy a empezar un nuevo proyecto, pero ¿cuántos proyectos podría iniciar y cómo priorizarlos? O una vez decido salir el sábado por la noche, se trataría de pensar cuántas opciones o lugares de salir tengo: un bar, dos, tres bares. E incluso no sólo bares, también cine, etc. y qué restaurantes, qué cines, etc… Así que una vez he decidido una acción, se trata de seleccionar entre un número de opciones. A veces, esto puede generar “parálisis por análisis”, algunas personas experimentan bastantes conflictos en este nivel de pensamiento al no saber muy bien cómo gestionar las opciones que se le presentan.

C) El tercer ejemplo de conflicto es el Dilema. Se presenta cuando 2 o más opciones se revelan igual de atractivas para el propósito que estoy persiguiendo. Si por ejemplo estuviera seleccionando a un determinado colaborador para promocionar a un puesto, y he entrevistado a 2 que cumplen al máximo mis exigencias y expectativas, entonces ¿cual elijo? , y la respuesta puede generar incertidumbre, o hasta incomodidad bastante extrema. También es habitual que lo experimentemos cuando tenemos que decidir qué tarea puede ser prioritaria cuando estamos ante dos (o más) igual de importantes para mí (uno de los principales problemas de priorización que se dan en el ámbito de la “gestión del tiempo”.)

D) La siguiente categoría, la Oposición es el tipo más grave de conflicto, de hecho, lo que podríamos llamar realmente conflicto. Las dos cosas, las dos opciones se oponen mutuamente. Es decir, conseguir una me aleja de conseguir la otra. Ya no hay una dirección general común, sino dos: “debería salir esta noche, o debería ahorrar dinero y quedarme en casa” ambas son dos direcciones diferentes. “Cambio de trabajo o permanezco en mi actual puesto”.
En este sentido, suelen existir 2 necesidades que subyacen al conflicto: la “seguridad” y el “desarrollo”. Quiero hacer un cambio, desarrollarme, pero hay un riesgo en ese cambio. Divertirme y salir por la noche tiene que ver más con desarrollo, quedarme y ahorrar está más relacionado con generar mayor seguridad.

Quedarme en mi actual trabajo me proporciona más seguridad, mientras que iniciar un nuevo proyecto se vincula a desarrollarme. Seguridad y Desarrollo, por tanto, son dos valores a los que generalmente nos acercamos. Vinculado a la seguridad está el miedo. Cuando anticipo un miedo concreto, una consecuencia negativa, tiendo a buscar la seguridad. Pero si permanezco demasiado tiempo en la seguridad, empezaré a experimentar una sensación de vacío, de aburrimiento, de estancamiento y esto nos alerta a movernos, a cambiar, a desarrollarnos.

E) El sexto tipo es un Conflicto entre Niveles. Lo que estamos intentando hacer a un nivel va en contra de lo que estamos haciendo a otro nivel. De modo que el comportamiento, por ejemplo no encaja, con un valor que tengo, o lo que hago no encaja en mi manera de hacer las cosas. Así, por ejemplo, acercarme a hablar con alguien que acabo de conocer entra en conflicto con mi manera de iniciar un relación con una persona que no conozco demasiado. Encajaría más que fuera él quien iniciara la conversación, o que lo hiciéramos en un grupo. Ir a un restaurante de comida rápida, podría no encajar con un propósito o valor que tengo de cuidar mi alimentación lo más que pueda.

F) El séptimo y último ejemplo de conflicto, la Incompatibilidad, es en cierta manera similar al anterior. Implica un sentido general de que lo que se está haciendo o se pretende hacer no encaja con la idea que tiene uno acerca de sí mismo, o acerca de una dirección vital general que se mantenga. Así por ejemplo, yo no soy el tipo de persona que hecha “broncas” a sus colaboradores. O yo no soy el tipo de persona que habla mucho en las reuniones. O yo no soy el tipo de persona que inicia proyectos en solitario.

En principio, cualquier situación podría incluir alguno de los ejemplos mencionados, pero también podría incluirlos todos. Si por ejemplo alguien está desarrollando un trabajo intensamente hasta tarde, podría inicialmente dudar acerca de si continuar haciendo el trabajo o parar un momento para descansar, la sensación inicial de incertidumbre acerca de que probablemente podría hacer algo más o distinto.

Si decide parar, entonces de qué opciones dispone: volver a casa, quedar con los compañeros, pasar tiempo con sus hijos o con su mujer. Esto incluiría varias alternativas en cada opción: diferentes cosas que hacer en casa, diferentes lugares o actividades que poder realizar con los compañeros, diferentes actividades, momentos o lugares que compartir con sus hijos, etc. Y si dos o más son especialmente interesantes, cuáles seleccionar: algo relacionado con el ocio con sus hijos, o más enfocado a su educación, como por ejemplo ayudarles a hacer los deberes. E incluso podría ocurrir un conflicto, caracterizado por descansar o continuar trabajando. En el sentido de que si descansa ahora, luego tendrá que trabajar más aunque pueda rendir más después, pero si descansa ahora luego podrá trabajar y rendir durante más tiempo.

Y el seguir, podría estar marcado por el miedo a no terminar de hacer lo que tiene que hacer y entregarlo en fecha, una posibilidad de que su jefe le amoneste como consecuencia de no terminarlo a tiempo o incluso lo que puedan pensar el resto de sus compañeros de él.

Y entonces, tal vez, haya un problema en que su manera de trabajar es sin parar, trabajar todo de un tirón, y parar va en contra de su manera habitual de hacer las cosas.

No es una lista en absoluto exhaustiva sino sólo un conjunto de ejemplos que ilustran acerca de la variedad y complejidad que tiene este fenómeno. De nuevo, ante una tarea sencilla, puede aparecer un conflicto o todos en potencia. Tal vez no con el grado de significatividad que implique quedarse “atascado” en alguno de ellos. No obstante, resulta interesante, una vez que incrementamos nuestra sensibilidad ante este tipo de asuntos, tratar de identificar si alguna vez hemos sentido alguna de las experiencias que mencionamos, en nuestra vida cotidiana.

La clave aparte de familiarizarse con el modelo, es pasar de una actitud reactiva en las situaciones de conflicto, a una actitud más proactiva, en la que podamos “participar activamente” en cómo lo estamos viviéndolo como paso previo para poder gestionarlo de una manera más efectiva.

El anterior modelo es especialmente útil a la hora de representar la experiencia de lo que es un conflicto intrapersonal, o los diferentes tipos de conflicto intrapersonal. Pero obviamente también tiene su aplicación a los conflictos interpersonales.

En el próximo número, entraremos en más detalle en cómo nos afectan los conflictos en el terreno emocional y cómo podemos cambiar nuestra mirada ante ellos desde el enfoque de coaching.

Miguel Labrador

Miguel Labrador

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