Reciente:

Contacto

Identidad

Recursos

  • Español
  • English
  • Català

¿Colaboradores o prisioneros? (parte III)

06.14.2016
06.14.2016
Tiempo de lectura estimado: ( Palabras en total: )

Bueno. Ya me doy cuenta de que hoy me he levantado protestón, pero… ¿qué tienen que ver todas estas reflexiones? Y ¿por qué las expongo en esta sección de una revista dedicada al desarrollo humano y el talento en general?
Porque son muestras de algo que, como defensor de la libertad individual que soy, me repele: sentirme cautivo, prisionero de alguien. Sea de una compañía aérea, un gobierno, un partido político, una comunidad de vecinos… O de la empresa para la que esté eventualmente trabajando.

Si me hubieran dado un euro cada vez que alguien me ha contado que su manager o el gerente de la empresa amenaza sutilmente a la plantilla con el frío que hace fuera, o con que si da un zapatazo en el suelo salen cinco más baratos y eficientes que él o ella, hoy sería rico. Es una constante desde que entramos en esta dichosa crisis que parece no tener fin. Y hay que reconocer que son palabras muy motivadoras; si entendemos “motivación” en su sentido etimológico más estricto: tener un motivo para la acción. Una vez más, recurriré a un ejemplo. Usain Bolt corre muy rápido, tanto que ningún hombre, vivo o muerto, le ha superado: es capaz de recorrer 100 metros en 9,58 segundos, que ya es correr. Bueno, pues me apuesto pincho de tortilla y caña a que, si le ponen un mastín a punto de morderle los cuartos traseros, todavía bate su propio record. No se puede negar que el mastín es muy, pero que muy motivacional. ¿Pero qué sucederá cuando quitemos el mastín? La respuesta es obvia.

Un colaborador que se siente prisionero de su empresa no desarrollará el compromiso que ésta busca de él. Unas veces se plegará y acatará, otras se rebelará, y otras se pondrá de perfil. Pero, sin duda, se guardará para sí mismo las características mejores que tiene, ésas que darían el empuje adicional que su organización precisa para obtener los mejores resultados; lo que los angloparlantes llaman “extra mile”, la milla extra que regalas, lo que me das más allá de lo que te puedo exigir por lo que te pago. Compromiso, confianza, buen humor, proactividad, ilusión, pasión, autoexigencia, generosidad, orgullo de pertenencia, ninguna de ellas se puede decretar, imponer o exigir. Son factores internos, pertenecen al dominio personal de cada ser humano, se dan cuando uno quiere, no cuando su jefe se lo exige. Y el chantaje no suele ser un buen medio para obtenerlos, de igual modo que el trato abusivo que me dan en un aeropuerto no me fideliza precisamente hacia él.

Yo tomo el avión cuando no me queda más remedio, y las compañías aéreas lo saben y se aprovechan de ello. Me tienen cautivo, prisionero. Pero cuando de repente Renfe inaugura una línea de tren de alta velocidad hacia el mismo destino, entonces espabilan y ponen aviones más amplios, o dan mejor servicio por el mismo precio. Por eso creo honestamente que la competencia es buena, y los monopolios son malos. Cuando el público tiene capacidad de elegir se vuelve exigente, y los proveedores de servicios o productos se ven empujados a mejorar, si quieren conservarlo.
Si has llegado leyendo hasta aquí, trabajas para una organización que te menosprecia y a veces te sientes cautivo de ella, quiero darte una buena noticia. No lo eres. Hay muchas empresas que están deseando contratar a alguien como tú, y ni siquiera te lo planteas; estás tan aprisionado que has desarrollado síndrome de Estocolmo. Todo depende de ti y de tu autoestima. Te sugiero que te mires al espejo, hagas un DAFO sobre ti mismo y comiences a valorar PARA QUÉ estás empleando tu tiempo y experticia en una organización que necesita meterte miedo para retenerte. ¿Qué ganas ahí, aparte de pagar la hipoteca? ¿Cuánto te acerca a tus objetivos vitales? ¿En qué has mejorado desde que llegaste y cuánto vas a evolucionar a corto, medio y largo plazo?

Y si has llegado hasta aquí, eres un empresario o un mando y a veces tiras un poco de látigo para, digamos, “estimular” a tus colaboradores, te propongo que reflexiones unos minutos. Si lo que buscas es que tus trabajadores se sientan en tu empresa como yo, cuando después de haber pasado por un control de seguridad despótico, y pagado un precio irracional por un simple refresco en el aeropuerto, estoy encajonado en un espacio inhumano y me aguanto sólo porque no tengo más remedio, tarde o temprano los perderás. Todo el esfuerzo y la inversión que has hecho para entrenarles serán capitalizados por su próximo empleador. Puede que los sustituyas en poco tiempo porque hay mucha oferta de mano de obra, pero se irán el conocimiento y la experiencia, y además estarás enviando un mensaje muy poderoso y triste a los que se quedan o llegan de nuevas. Por si fuera poco, es un círculo vicioso.

Me encanta la frase de Richard Branson, fundador y CEO de Virgin: “Forma a tus empleados lo suficientemente bien como para que se puedan ir, trátalos lo suficientemente bien como para que se quieran quedar”. Ésa es la clave: que se quieran quedar. Que pudiendo tomar el AVE, elijan ir en tu avión.

Y entonces, amigo, vendrán solos el “engagement” y la “extra mile” que tanto tiempo llevas buscando. Te deseo mucho éxito.

Iván Yglesias-Palomar, Director de Desarrollo de Negocio de Atesora Group

Ivan Yglesias-Palomar

Ivan Yglesias-Palomar

Director de Desarrollo de Negocio de Atesora Group.

Compartir

Etiquetas

Publicaciones relacionadas

Otras lecturas interesantes.

Volver al blog